Por cualquier motivo la energía espléndida,
auna, la forma a la esencia, de manera inequívoca,
aunque su naturaleza también sea la duda.
Esta sin diferencias se expresa,
y como un rayo casual de luna se adentra
en la diversidad acontecida,
como lo hace el gesto al silencio
que por si mismo habla.
De un silencio, mi amor vaga sobremanera
dejando atrás esa misma ilusión
que de buena o menos buena se deja.
Esta ilusión en apariencia dispersa
ya sean los ríos rosas que transforman
o bien las lágrimas, rocíos que nos cambian.
Con firmeza y delicadeza
el alma viva desnuda el cuerpo
compartiendo y fundiendo su misma naturaleza
asentando al corazón que no duda.
No es cuestión de correspondencia,
pues la llama vibra e ilumina de igual manera
aunque la oscuridad la envuelva
con su luz no vista en cada sombra que proyecta.
Con la tranquilidad de quien observa una mañana,
observo mi mente vacía con o sin sus nubes creadas
a partir de cada experiencia de mi vida.
Descalzarse de distinta forma
es interdependencia a través
de las diferentes vidas,
todo a su momento, todo a la decisión
personal propia, observando
que el efecto ha cambiado a la causa.
Es decir, tu tiempo, tu alma
la percepción del efecto en la causa.
Sin forzar nada, como el amor que llega y te espera
dándote la bienvenida con la misma alegría de la calma.
En eso si que doy la bienvenida,
pues como quien observa una rosa marchita
su belleza sigue intacta aunque de primeras
por las prisas no se perciba.
No me limitaré a ver quien fue esa rosa,
si no lo que es tal cual vibra su llama
que siempre continua como brota
la media noche del medio día.
Y aquí, qué es noche, y qué día,
quién diría que el agua se evapora
dejando rastro de Ella en una sonrisa
como el esplendor se traza sobre la hierba
dejando sus manos vacías.